domingo, 17 de julio de 2011

La simpleza de los días.


A Juan Pablo.

Ese miércoles me desperté bien temprano. Tenía que ir a la Facultad, a buscar la nota de Gramática. Era la última clase. (¡Por suerte! Pues no me gusta la Gramática). Abrí los ojos y lo ví. Ahí estaba. Sentado en la silla que está al lado de mi cama. Sonriendo.
 Hacía ya un tiempo que venía en usted pensando. Esporádicamente. (Aunque últimamente lo hacía con más frecuencia) Vaya a saber uno por qué... Lo ví y sonreí. Y luego sonreí por ser usted el primer pensamiento que se me vino a la cabeza. Suelo pensarlo a usted hasta en los momentos más inoportunos. Casi sin percibirlo. Casi sin poder controlarlo, cuando me atacan los recuerdos.
Pensé entonces que ese miércoles me decidiría a escribirle, ya que hacía un tiempo no recibía noticias suyas. Pensé que me gustaría saber cómo terminó aquello de Economía (si es que terminó). Pensé que me gustaría saber cómo lo trata este invierno. Pensé en usted y pensé en Roberto y Roberto pensó en Roberto y Roberto pensó en usted.
Cómo sea. Me levanté dispuesta a compartir mi día con usted. Algo así como jugar al amigo invisible. Desayunamos café con leche y tostadas. Luego caminamos hasta la parada del colectivo y tomamos el 179, hasta Pompeya. Íbamos muy tranquilos. El día estaba despejado y el Sol nos pegaba en la cara. Eso nos adormecía un poco. Yo iba leyendo cuentos de Bukowski, los leía lo suficientemente fuerte para que su Roberto los pudiera escuchar. Por momentos me aburría, entonces imaginaba distintos sombreros, extravagantes, coloridos, en la cabeza de los pasajeros. Eso me lo enseñó mi profesora de Teatro, ella lo hace cuando se aburre ¿y sabe qué? estuve implementándolo y es muy divertido, la verdad.
Cuando llegamos a Pompeya conseguimos lugar en el 85 y nos sentamos. Venía algo vacío. Usted de vez en cuando se paraba y hacía algún gesto con la cara que me hacía reír.  Los pasajeros habrán pensado que yo me reía sola. Nos bajamos en Rivadavia y Puán. Y caminamos. Tiene razón, esas cuadras están llenas de árboles. De todo tipo. De todos los colores. Para el agrado de la dama o el caballero. Tiene para elegir. Son altos, majestuosos, intimidantes. Usted me ignoraba, o fingía hacerlo. Caminaba por la vereda de enfrente. Y yo por la otra, cantaba Beatles a gritos. De tanto en tanto lo miraba de reojo y usted sonreía avergonzado. Eran cerca de las once de la mañana. Seguramente habremos despertado a más de uno cantando “all you need is love”. Luego crucé a su vereda y usted caminó al lado mío.  Usted es de las pocas personas que me conocen, ¿sabe? Pues, siempre voy cantando cuando camino. Alivio así el peso.
Cuando llegamos (tarde) la clase ya había empezado. La profesora se acercó a darme mi parcial. Estaba muy mal resuelto, pero aún así me alcanzó: aprobé Gramática “aunque uno nunca sabe si entendió”. Me fui de la clase y caminé hacía Rivadavia, perdida en pensamientos: en cómo el amor es una sensación hermosamente pasajera y cosas así. ¿Sabe? Pocas son las certezas que tengo hoy. Creo que las puedo contar con los dedos de una mano. Como que me gusta el café con leche, eso lo sé seguro. Las dudas tienen como un efecto dominó. Como si camináramos todo el tiempo por arenas movedizas. ¿No siente eso a veces? Cuando se despierta una duda muy fuerte, hace efecto dominó: despierta otras dudas. Sobre otras cosas. Que no siempre tienen que ver con lo que está en juego. Pero cuando algo se cae, y ya no lo soportas más, empezas a cuestionar todo lo demás…Cuando la incertidumbre en cuanto a una cosa es intolerable, no soportas ninguna otra incertidumbre, por más pequeña que sea. Digamos, es normal tener incertidumbres. Pero cuando llegas a un punto en que la certeza desapareció por completo, cuando dudas de algo inmenso, entonces todas esas incertidumbres que tenías te empiezan a pesar. Es como que al principio son solo gotas dentro de un vaso, cada duda es chiquita, pero se van juntando y juntando y juntando hasta que el vaso se llena y todas esas pequeñas dudas se transforman en algo ya insoportable.

Pero no nos desviemos del tema, le estaba contando: me fui de la clase entonces, y caminé divagando en ideas y pensamientos. En ese momento lo perdí de vista. Lo perdí o me distraje… y usted aprovechó para ir a tomar un helado. Hay una heladería en la esquina…pero nunca supe bien si le gustaba o no el helado. Cuando sentí su ausencia, volví sobre mis pasos y ahí estaba. Me alegré de volverlo a ver. Caminamos callados y nos subimos a la línea A. La línea A nos sienta bien ¿sabe? Hay asientos de madera, luz tenue y ese viento frío que entra por la ventana abierta, que siempre te recuerda que estás vivo. Nos gusta el viento. Ya sabemos por qué. Nos cantaba Jorge Drexler cuando salimos a la superficie. Estación Congreso. Nos tomamos, entonces, el 37. Tenía que ir hasta Ciudad Universitaria a buscar el analítico del cbc para llevar a Puán. El papelerío nunca me gustó. Nunca lo entendí. Usted seguía acompañándome, ¡vaya que me tuvo paciencia!. Me gusta mucho el 37 que va hasta Ciudad Universitaria. Se mete por los Bosques de Palermo y es un paisaje muy agradable dentro de lo cruel que puede ser esta ciudad. Ahí también hay frondosos árboles. Y con el Sol asomando entre ellos, uno tiene para Robertear largo y tendido. Es linda Buenos Aires cuando quiere. El Sol me daba justo en la cara. Me quedé dormida con el Vientito de Tucumán. No me había sentido muy bien últimamente, el descenso de River terminó por liquidarme. Lo recordé cuando ví la cancha desde Cuidad Universitaria. Cuando desperté usted todavía seguía ahí. Iba concentrado en el viaje, mirando por la ventana. No le asombró mi despertar. Yo no dije nada. No hizo falta. Nos bajamos y fuimos a hacer el trámite. No resultó como lo esperaba… Genise se había olvidado de firmar un acta o algo similar a eso y yo figuraba “ausente” en las clases de Filosofía. Por lo cual, tuve que presentar un reclamo o algo por el estilo. Espero que eso se resuelva pronto. Volvimos en el 37. Esta vez agarró por Costanera. También me gusta el recorrido, bordeando el río. Apoyé mi cabeza sobre la ventana y me dormí mirando los balcones de los edificios de Buenos Aires. Esos que tienen rejas de hierro color negras, con formas diferentes, antiguas… me gustan mucho. Desperté en Lanus y usted ya no estaba. No tengo idea de cuándo se habrá bajado. Allí tuve que tomar otro colectivo a mi casa. En este no pude dormir porque tuve que viajar parada. Aunque eso no siempre es un impedimento. El 405 me deja a dos cuadras de casa. Las caminé pensando en que en cuanto llegaría, le escribiría a usted contándole sobre el día que habíamos vivido juntos, ya que hacía un tiempo no recibía noticias suyas. Pensé que me gustaría saber cómo terminó aquello de Economía (si es que terminó). Pensé que me gustaría saber cómo lo trata este invierno. Pensé en usted y pensé en Roberto y Roberto pensó en Roberto y Roberto pensó en usted.
Cuando llegué a casa mi hermana tomaba mates. Desparramé las cosas sobre la mesa. Me saqué el saco. Me senté. Tomé uno. Prendí la computadora. Tomé otro. Abrí el correo. Tomé otro. Mire. Bajé con la flechita. Y me detuve frente a la pantalla un segundo. Usted me había escrito. ¿Acaso me ganó de mano o algo así? No podía creer entonces, la ¿casualidad? de los hechos… había estado pensando todo el día en usted, y al llegar, encontrarme con esto. Le digo que fue una grata sorpresa. Genial manera de terminar nuestro día. Me gustó mucho lo que me escribió. Me halagó. Mucho. Se lo agradezco. Me alegra saber que no soy la única que no entiende dónde se usa el punto y coma. Espero verlo pronto. Donde sea;

                                                                                                                                         Eugenia.

sábado, 2 de julio de 2011

Situación.


A Dana Crosa.


-Bueno… eh… yo te cité acá porque tengo algo que decirte. ¿Sabes? Yo te quiero… te quiero mucho…En verdad…tal vez debería habértelo dicho hace ya algún tiempo, no lo sé. Lo pensé… en su momento, lo pensé, pero luego… se fue. Como todo, bah. Eh… bueno…. Verás… yo salí de una relación, de una relación muy importante para mi y aún… verás… aún… me cuesta… ¿cómo decir? Me cuesta cerrarlo. Esto pasó ya hace varios meses pero yo… yo siento todavía cosas por aquella mujer. Y creo que estoy obligado a decírtelo, antes de que esto pase a mayores.
-Wow… Bueno…Mirá, Facu, lo que te pasa es… muy genial. ¿Cuántas veces tenemos la posibilidad de sentir cosas tan fuertes por una persona? Pocas en la vida. Creo que deberías aprovecharlo. Digo, esos vestigios… No te culpo. Somos seres libres. Y en cuestiones de sentimientos, no se puede ser racional. Uno sólo siente y… tiene que dejarse llevar. Nunca ir en contra de ello. Sin reprimirse ni llenarse de cuestiones sin sentido…Sólo hacer. No sé qué le habrás visto a esa mujer para que te tenga así de loco. No importa demasiado si ella te da bola o no. Porque además, uno sólo conserva lo que no amarra. Sería tonto pensar que no la tenes, sólo porque no la tenes físicamente… Lo importante es tu sentir. Es… hermoso. Ese sentir. Poder percibir cosas tan fuertes por alguien. Es genial. Es genial el amor. Sufrir por amor es el único sufrimiento que vale la pena. Creo que no deberías dejarte estar, creo que deberías pelear por ello. Yo, particularmente, debo decirte que… me encantas… pero… yo no puedo ni quiero hacer nada que vaya en contra del amor, sabes? Yo estoy a favor de cualquier cosa que sea movilizada bajo la bandera del amor. Creo que sólo así se pueden cambiar las cosas. Sólo movilizados por esos grandes sentimientos. No hay nada más lindo. Por lo cual, no puedo hacer nada para modificarlo, ni quiero. No voy a intentar enamorarte, ni querer hacer que te olvides de aquella mujer… no! Si hay amor, pues… que lo haya! No importa si es conmigo o con quien, vos sentís amor, y eso es lo importante! Mientras esté el amor, entonces… todo está bien. Y bueno… si al paso del tiempo… todo esto se te cae y queres caminar otros caminos, va a estar todo bien.. yo voy a estar acá, aún deseando tu felicidad.
-Uh…
-¿Qué?
-Es que… creo que me acabo de enamorar de vos.



Nota al pie: Lease junto al apartado “Sobre el amor” que subiré a la brevedad.

viernes, 24 de junio de 2011

Hablame como la lluvia.

Monólogo extraído de la obra de teatro “Hablame como la lluvia” de T. Williams.
                                                                                                             
   A Julián G.
A la lluvia, hermosa.
Y a todos aquellos que nos queremos escapar,
 alguna vez.


¡Quiero irme de aquí! ¡Sola! Me instalaré con un nombre supuesto en un pequeño hotel de la costa... Anna... Jones... La camarera será una viejecita que tendrá un nieto y me hable de él... Me contará lo que cenó su nieto... tapioca y leche... La habitación será umbrosa, fresca y estará llena del murmullo de la...lluvia. La ansiedad desaparecerá. Las ventanas serán altas, con largos postigos azules, y habrá una temporada de lluvia... lluvia... lluvia... Mi vida será como la habitación, fresca, umbrosa y... llena del murmullo de la....lluvia. Todas las semanas sin falta, el correo me traerá un cheque. La viejecita me cobrará los cheques, y me traerá libros de una biblioteca y recogerá... la ropa de la lavandería... Me vestiré de blanco. Nunca seré muy fuerte ni me quedarán muchas energías, pero pasado algún tiempo tendré las suficiente para pasear por la playa sin esfuerzo... Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia Y me sentiré tan agotada después de la vida en la cuidad que no me importará estar sin hacer nada, simplemente oyendo caer la lluvia. Estaré tan tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré ni siquiera conocidos. Cuando sienta sueño regresaré despacio al pequeño hotel. El empleado dirá: Buenas noches Señorita Jones; y yo me limitaré a sonreír a penas y cogeré mi llave. Nunca ojearé siquiera un periódico ni oiré la radio; no tendré conciencia del paso de tiempo... Un día me mirare al espejo y veré que mi cabello está empezando a ponerse gris, y por primera vez me daré cuenta de que he estado viviendo en este pequeño hotel bajo un nombre supuesto durante veinticinco años.  Me alegrare de que el tiempo haya pasado tan sin sentir. De vez en cuando quizá vaya al cine. Leeré largos libros y los diarios de escritores muertos. Me sentiré más cerca de ellos de lo que me he sentido nunca de las personas que conocía antes de retirarme del mundo. Y me vendrá el sueño. Me quedaré dormida con el libro todavía entre las manos y lloverá. Despertaré, oiré la lluvia y me volveré a dormir. Una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Después, un día, al cerrar el libro o al volver sola del cine a las once de la noche, me miraré al espejo y veré que mi cabello se ha puesto blanco. Blanco, blanco del todo Tan blanco como la espuma de las olas.  Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada he ingrávida que me he quedado. Casi transparente. Apenas real ya .Entonces advertiré, sabré, un tanto confusamente, que he permanecido ahí, en ese pequeño hotel, sin... relaciones sociales, responsabilidades, inquietudes ni perturbaciones de ninguna clase... durante casi cincuenta años. Medio siglo . Casi toda una vida. No recordaré ni siquiera los nombre de las personas que conocía antes de llegar allí, ni que se siente cuando se espera a alguien que... puede no venir...Entonces sabré - mirándome al espejo- que ha llegado el momento de pasear sola una vez más  por la explanada, con un viento fuerte azotándome, un viento limpísimo... pasearé sola y me iré adelgazando, adelgazando. Cada vez más delgada, más delgada! ¡Hasta que al final no tendré cuerpo ya y  el viento me recogerá en sus fríos brazos blancos y me llevará para siempre! ¡Quiero irme de aquí!


lunes, 20 de junio de 2011

Sobre el tiempo.

Con el tiempo vas cambiando y tus ojos van mirando el más allá.
Cuánto tiempo más llevará, cuánto tiempo más llevará...
Ilusiones, letras de cristal, simulando que sabes adónde estás.
Algunos dirán qué viejo que estás. Por favor, hablemos de verdad.

Y con el tiempo la magia de estar aquí, vas suponiendo que sabes adónde debes ir.
Cuánta ignorancia corre por tu cuerpo.
¿Ni siquiera te entregas al viento sin pensar por qué?

Cuánto tiempo más llevará, cuánto tiempo más llevará…
 

Los meses con J siempre traen consigo cantidades incontables de preguntas. Aún no nos queda claro bien por qué, ni cómo sucede. Pero justo en la mitad, la cosa se empieza a corromper. Este año, particularmente, se llevó su primera mitad como una ráfaga de viento. No puedo evitar pensar en el día de ayer como mes de Febrero. Como si en el medio se me hubiera borrado la memoria. Dicen que con los años el tiempo comienza a pasar más rápido y uno no se da cuenta. Salvo cuando ya sos muy muy viejito que ahí si, los días se convierten en eternidades insostenibles y monótonas. A mi en lo personal, me asusta un poco esto del tiempo. Convengamos que no es más que una mera construcción del ser humano para… ¿organizarse? A mi el tiempo suele desorganizarme. Resulta que así como a Alberto le resulta físicamente imposible seguir una dieta, yo soy puramente incapaz de calcular tiempos o de especular con ellos.  Siempre llego tarde a todos los lugares. Nunca cumplo las promesas que requieren de acordar un horario. Siempre el tiempo se me acorta, queriéndome apresarme al reloj. Cuando calculo, siempre me faltan diez minutos. No sé. No soy buena para eso. Lo copado es que me rodea mucha gente que tampoco lo es. Entonces no debería de haber problema alguno. Cómo sea. El tiempo no es mi fuerte. Siempre me andan apurando, tocándome bocina desde la puerta, pegando gritos y siempre siempre me queda algo inconcluso. La gente se la pasa hablando del tiempo, adjudicándole un montón de características que no son propias de él como que “el tiempo cura las heridas” “año nuevo, vida nueva” (?) Qué carajo?. Las personas buscamos en el tiempo la solución a nuestros problemas. En nada se diferencian el 31 de Diciembre al 01 de Enero. Y no es el tiempo quien cura las heridas. Es uno mismo. “La gente cambia con los años” Sólo si quiere cambiar. No sé bien por qué necesitamos del tiempo. Por qué entradas altas horas de la noche se dice que “es tarde” ¿para qué? “¿Qué haces despierto a esta hora?” Se duerme de noche, se vive de día. Es algo tan abstracto. O cuando se piensa que es demasiado pronto para hacer tal cosa. No tiene mucho sentido. ¿Esperar? ¿a qué? ¿para qué? El tiempo es hoy.
 San Agustín decía que el pasado ya no existe y el futuro aún no es. En cuanto al presente es un continuado dejar de ser, un continuo tender hacia el no ser. Por lo tanto,  el tiempo existe en el espíritu del hombre, porque es donde se mantienen presentes el pasado, el presente y el futuro. Por ello los tiempos son tres: El presente del pasado, el presente del futuro y el presente del presente. No reside en el movimiento sino en el alma.
Creo que tiene algo de razón. Hay gentes y gentes. Gente que no acepta el paso del tiempo, y gasta dinero en costosas operaciones para aparentar juventud. Es gracioso, por no decir triste, la ignorancia de aquellos quienes creen que la juventud se va con los años. Que es algo físico. Eso es totalmente absurdo. No somos sólo cuerpos.
En fin, esa duda que me trajo el 20 de Julio por la que me vi impulsada a escribir, radica en el paso del tiempo en tanto “tarde/temprano”. Es decir, cuando uno no hace algo “a su debido tiempo” luego ¿es “tarde”? ¿A dónde van todas aquellas palabras que no se dijeron? ¿Qué sucede con los cambios abruptos de personalidad en un período de tiempo “corto”? ¿Si en Marzo pregonabas gastarte un dineral en Disney comprando incontables cosas y aplaudiendo la “buena atención” de la sociedad estadounidense y en Septiembre te jactas de bohemio escuchando Bob Marley y zurdito por leer “Las venas abiertas de América Latina”, olvidaste tu pasado? ¿Existe el pasado? ¿Qué es? ¿Dónde está? ¿Si te interesa lo material, lo superfluo, el consumismo pero escuchas a Los Beatles y citas sus frases en Facebook sos, igualmente, un revolucionario? No lo sé. “Con el tiempo, la gente cambia” Era así, no? Y todos tenemos la chance de hacerlo. Todo cambio es bienvenido, es sano, es salud, es conciencia de crecer, amor a la vida… pero es todo eso en tanto se reconoce como tal, como cambio y no omitiendo todo lo anterior. La palabras no dichas suelen delegarse en discusiones reiteradas, en acciones similares, en enojos y fastidios constantes, en una molestia al respirar incontrolable. Odio las palabras no dichas. “La quemazón de la picada la sientes más tarde”. En el momento en que no se dicen, nada sucede, nada molesta… comienza a sentirse con “el tiempo”. El tiempo te hace poderoso. Mucho tiempo en un lugar te hace sentir parte de el. Mucho tiempo con una persona te crea su dueño. Mucho tiempo haciendo algo te da la experiencia. Mucho tiempo en este mundo te genera, supuestamente, sabiduría. Mucho tiempo estudiando, buenos resultados. Mucho tiempo trabajando, buena guita. Mucho tiempo, legitimidad. Poder. Egocentrismo.
En fin, las cosas pueden ser muy dañinas también. Pero al fin y al cabo, el tiempo no es más que una mera construcción del ser humano. Como todo.




lunes, 13 de junio de 2011

Los modelos del éxito.

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.
¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y mal que bien hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero «los jodidos siempre estarán jodidos», como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.
Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de Estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.
Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.


"Los modelos del éxito"- Eduardo Galeano.