lunes, 30 de enero de 2012

La buena madera.

* A mi hermana,
la buena madera.


El hacha golpea bien fuerte la buena madera.
                                                        La quiere romper.
                                     La quiere quebrar.
La buena madera cae al suelo,
(debilitada).
Y sus astillas vuelan por los aires
dejándose ver
                                           frágiles y vulnerables.
Entonces el hacha vuelve a golpear.
(Ahora más fuerte).
La buena madera pone la otra mejilla
                                            y sangra,
                                                               grita,
                                                                             llora.
Brota dolor de sus costados.
Pero aún sigue ahí.
Golpe tras golpe,
la buena madera,
conserva su belleza.
Las marcas se vuelven cicatrices hermosas.
La buena madera se arrastra por el suelo.
(No lo soporta más).
El hacha la mira desde arriba
y da su último golpe.
Fuerte.
Desgarrador.
La buena madera llora
y sus lágrimas hidratan su cuerpo.
Sanan.
La buena madera no tiene fuerzas,
(pero las tiene).
Hace un esfuerzo por sonreír
y las nubes de abren de par en par.
                              Hay sol.
                                                       Brilla.
                                     Encandila.
Pasito a pasito,
(bien despacito),
la buena madera
se pone de pie.
El hacha vuelve a golpear.
Pero la buena madera es buena
y es fuerte.
                                                     Persevera.
Quiere querer.
                                       Quiere vivir.
No se da por vencida.
El hacha vuelve a golpear,
una y otra vez.
La buena madera se ha vuelto ciega: No puede ver,
                                         sigue caminando.
Sola.
Da pelea.
La buena madera
Fortaleza de roble.
Fragilidad de cristal.
Porcelana.
Octava maravilla.
El hacha se siente ahora avergonzada,
necia,
sigue golpeando.
                                                 Solo lastima.
(No derrota).
Revienta de ira por no poder
contra la buena madera que renace una y otra vez.
Sigue siendo hermosa.
                                                Libre.
                                                                Fuerte.
                                                                                 Simple.
Caminando va,
la buena madera,
haciendo brillar a los cielos más altos
que enamorados
se rinden a sus pies.
Demasiado buena, la buena madera, para este mundo.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Amores perros.

      - Capítulo uno: “La piel”-

“Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”

Desde el primer momento supe lo ficticio de la situación. Me lo decía tu mirada. ¿Sabes? La mirada no puede mentir, aunque así lo desees para hacer de tu juego, un juego perfecto.
Poco me importó que sea mentira. Elegí correr los riesgos ¡y bien que hice!. No me importó llegar a las profundidades de tu intelecto. Sabía que eso era imposible, precisamente porque no había profundidades. Tu intelecto era perceptible a la vista de todos, tan corto, tan escaso. Eras todo lo que se veía. Eras una obviedad.  Extrañamente eso no me importó. Era otra cosa la que me obligaba a permanecer. Era un camino más corto. Todo empezaba y terminaba en tu piel. Qué importaba el lenguaje banal, la ignorancia política, el desinterés, la insensibilidad… no necesitábamos nada de eso. No necesitabas hablar, ni saber de literatura, ni ser de izquierda, ni indignarte frente al hambre del mundo. No lo necesitábamos. No importaba. Y fue extraño. Nunca me había pasado cosa semejante. Siempre había buscado intereses en común entre un hombre y yo. Me indignaba que me atrajera alguien tan superfluo. ¿Por qué? ¿Qué era? ¿Qué tenías?
Éramos animales. Era el roce de tu piel. Sentía ese nudo en la panza. Había pensado que eso no era más que un invento de la televisión. Pero no era amor. No. No era amor. Aunque lo confundí. Aunque –aun sabiendo de tus mentiras- me lo creí. Ese nudo en la panza. Ese olor. La barba. La perfección de los dientes. La barba. Tus dedos dibujando mi boca. Los detalles. Tu voz. Tu mano sacando las pelusas de mi remera. Tu pelo mojado. La camisa a cuadros. Los tatuajes. Los detalles. La cicatriz. El roce de tu piel. La barba. Los ojos. La sonrisa. Tu olor. Los rulos. Tu olor. La barba. La sonrisa. Los besos. Cómo me agarras de la cara. Por Dios, no hagas eso. Te lo suplico. No me agarres de la cara. Los besos. Tu olor. La barba. Los besos. Son perfectos. Son como me gustan. ¿Cómo haces? Son perfectos. Simples. Suaves.  Despacio. Los dientes. Blancos. Parejos. Perfectos. Tu olor la barba me agarras me tocas me encanta te alejas y te extraño necesito que me toques por dios te necesito acercate no puedo verte a un metro y no desearte la piel la piel la tuya la mía juntas necesito que estés conmigo lo necesito esas cosas que decis sin filtro sos un animal somos animales TU OLOR TU OLOR DECIME ESAS COSAS QUE ME DECIS ME ENCANTA SIENTO EL FUEGO SUBIR NO TE ALEJES SIENTO COMO EL FUEGO SUBE LA BARBA LA COMIDA LA CERVEZA EL VINO EL POSTRE EL CIGARRILLO LAS FLORES LA CAMISA  A CUADROS LA BARBA EL POOL LA CASA DEL ARBOL FUEGO LA SONRISA FUEGO LOS RULOS FUEGO LA MIRADA FUEGO QUÉ LINDO SOS POR FAVOR FUEGO ODIO QUE SEAS TAN LINDO FUEGO ODIO LA GENTE LINDA FUEGO ODIO QUE ME GUSTES TANTO FUEGO ODIO NO PODER DEJARTE FUEGO ODIO NECESITARTE FUEGO NO RESPIRO FUEGO TENE CUIDADO FUEGO NO JUEGUES FUEGO SOY SIMPLE FUEGO LOS OJOS LA BARBA EL OLOR LOS DIENTES LOS RULOS LA BARBA LA BARBA FUEGO LA PIEL ME QUEMA LA PIEL ME QUEMA LA PIEL ME QUEMA LA PIEL LA PIEL.



martes, 18 de octubre de 2011

Esto soy.

No quisiera dejar esto nunca. Y estoy muy segura de ello. Escribir, me llena. Es algo así como un círculo vicioso, porque para que algo se llene primero debe vaciarse y es eso precisamente lo que me fascina tal vez. Cuando escribe, uno se vacía. O por lo menos a mi me pasa. Te vacias. Dejas todo expuesto en aquel papel. Te desnudas. Para que luego eso se llene de contenido y de forma. Y así es con todo. Como todo funciona. La vida, digo, llenarse y vaciarse.
Creo que sé algunas cosas de mi. Creo que me siento sola, porque sola estoy. Todos lo estamos. Como humanidad, digo. ¡Qué solos estamos! Me refiero a la peor de las soledades, a esa que se siente estando sentado en medio de una fiesta con cien invitados bailando desaforadamente. Y todos estamos solos porque todos somos uno, nadie nos iguala, nadie es igual a uno. Solos con nuestras ideas y nuestras costumbres, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Caminando. Solos. Creo que eso no va a cambiar y sé que eso me desespera. Sé que me asusta lo infrenable del tiempo y cómo todo se repite constantemente sin poderlo detener. Me asusta que los años me encuentren acá sentada escribiendo este párrafo. Sé lo absurdo y sinsentido de todo esto.
Sé también, sobre mi, que el café con leche es uno de mis grandes tesoros. Y sé que es así, porque eso creo: que la grandeza está en la simpleza. Sé que todos los días me enamoro de Luis Alberto Spinetta y estoy sorprendida de poder encontrarme en alguien tan lejano. Pero creo que eso es lo mágico del arte. Creo en el arte como un todo. Creo que el arte es mi vida. Lo sé.
Sé que debería estar escribiendo un parcial domiciliario sobre la Loa al Divino Narciso de Sor Juana. Pero sé que el deber pocas veces coincide con el querer y por eso estoy escribiendo, en cambio, este texto. Sé que –aun así- me fascina la gran historia de Sor Juana, pero me fascina cuando quiero que me fascine y cuando me lo permito. Sé que la noche me encontrará con ese parcial a medio escribir y probablemente no duerma hoy, con el fin de terminarlo. Sé que tendré mucho sueño, pero no me arrepentiré de haber usado mi tiempo para narrar esto. Creo que debemos hacer más lo que queremos que lo que debemos. Creo que la vida misma debería ser así. Dado que nada de esto tiene sentido, por lo que sería absurdo tener que padecer cosas que no queremos ni necesitamos.
Sé que me apasiona el saber, me seduce, tanto más que lo efímero del cuerpo. Sé que por eso amo los libros, sé que he encontrado en ellos un refugio y lo más lindo es cuando te podes sumergir, sin ninguna prisa. Sé que siempre quiero huir y que muchos no lo entenderían. Tal vez nadie. Creo que soy desordenada y contradictoria. Sé que mi cabeza es un caos y que he esperado mucho tiempo para escribir este texto ordenadamente. Siento que en algún momento mi cabeza va a explotar y va a haber una lluvia de rulos por todos lados. Sé que en verdad no sé nada y nada es claro, ni simple, aunque yo lo quiera y lo pregone. Sé que nunca será así y eso es lastimosamente desesperante.
Creo que la guerra más terrible que sufro es todos los días, contra mí misma. Creo que no deberíamos aferrarnos a nada. Ni a lo material ni a las personas. Que todo está en uno. Pero aún así lo hago. Sé que el amor no existe, pero amo. Sé que digo que amo y muchos se asustan porque no entienden mis formas. Creo que es porque muchos hablan del amor libre y no entienden un carajo de qué es eso. Creo que me gustaría que el mundo se vuelva más animal. Que es absurda la depilación en tanto sufrimiento innecesario para lograr un sentido de la estética estipulado por el afuera. Que es absurdo reprimirnos sexualmente en tanto necesidad del cuerpo. Que no se necesitan miles de cubiertos para alimentarse. Creo que el mundo debería ser más animal, sí, y evitar conjeturas, prejuicios y etiquetas. Que eso es lo que divide al mundo. Sé que nos reímos poco y lloramos menos. Sé que vivimos sin hacernos preguntas. Eso también me asusta.
Sé que mis delirios filosóficos asustan a mi familia. Creo que la familia es lo único que dura. Creo en sus sonrisas, en sus pasiones, en sus vaivenes, en sus ideas y en todos sus aromas. Creo que eso debe ser lo más parecido a la felicidad. Sus sonrisas. El teatro, lo pinceles, los sahumerios, la música. Cada gota de sudor que emana la carne recordándote que estás vivo y que eso no tiene ningún sentido pero que es así, aquí y ahora.





Nota al pie: se agradece al individuo que me ha inspirado para escribir este texto, en el que -pensando que nos distanciaban grandes cosas- he encontrado fuertes similitudes que de tanto en tanto me hacen olvidar de aquella soledad . El sabrá que me refiero a él.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Universos.

            A Gonzalo D.S.

Las cuatro paredes de nuestra casa serán cuatro bibliotecas, inmensas, del techo al piso, repletas de libros de distintos colores, géneros y lenguas, gordos, flacos, grandes y pequeños. En el techo habrá un enorme ventanal de vidrio blanco por el que podremos ver cómo cae la lluvia aquellos días que se empeñen en ser grises.
En el medio de la habitación, en el suelo, habrá un colchón, en donde nos tiraremos a mirar las estrellas o a alucinar con las diversas formas de las nubes, blancas, de algodón.
El ambiente será cálido. Ni frío ni caluroso. Lo necesario. Y lo inundará el aroma de los libros humedecidos por el tiempo. Tomaremos uno de ellos  todos los días y nos sumergiremos en el Universo que él nos quiera regalar. No necesitaremos nada más. Nos aislaremos del mundo. No reconoceremos otras voces más que las nuestras.
Poco a poco esos Universos se convertirán en uno solo, el nuestro. Y las historias serán nuestras también y las viviremos hasta perder la cordura y nos cantaremos canciones y nos sentaremos a esperar el día en el que, finalmente, nos encuentre la muerte, sonriendo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

4-2

Puedo asegurar con toda certeza que nuestro sorpresivo encuentro no ha provocado en mi melancolía de ningún tipo. Aunque, desde ese entonces, no he hecho otra cosa más que soñarte. Permitime (si se quiere) dudar de aquel encuentro, demasiado oportuno para ser real. Permitime dudar de haber estado caminando por aquella avenida tan banal, ocultándome entre el gentío, fingiendo ignorar aquellas voces de mi cabeza que suponen haberte olvidado. No nos queda más que creer que aquellos segundos en los que nuestras miradas se sostuvieron, no fueron más que una travesura del destino, infrenable destino, imposible de vencer. Creo, por sobretodas las cosas, en las segundas oportunidades. Y aún tengo algunos signos de pregunta vagando por mi cabeza, esperándote.