lunes, 13 de junio de 2011

Los modelos del éxito.

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.
¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y mal que bien hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero «los jodidos siempre estarán jodidos», como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.
Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de Estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.
Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.


"Los modelos del éxito"- Eduardo Galeano.

domingo, 5 de junio de 2011

El arte para mi.

A Rosario.
A Julián G.
“El arte es libre o es una farsa”



He aquí mi concepción del arte: desnuda, libre y sincera.
Sostengo que el arte es de todos. Que una vez que la creaste, ya tiene vida propia. Le pertenece a todos y cuantos lean, vean, disfruten o se sientan identificados con ella.
Hace tiempo publiqué aquí mismo un texto que se denominaba “Lo que me pasó por la cabeza un 26 de abril” en el que compartía algunos pensamientos míos de aquel día y en particular, una clase a la que asistí en donde analizamos un texto de Walter Benjamin que se llamaba “El autor como productor”. Y también otro de Theodor Adorno que se llamaba “El artista como lugarteniente”. Ambos escribían sobre el arte, claro. Pero se diferenciaban: Benjamin hacía una lectura crítica y política. No defendía la autonomía en el arte. Creía en el arte como un arma social revolucionaria imprescindible. La cual debería llegar a todos lados, aún si eso significaba sacrificar un poco el “aura” de ese arte. Adorno, por otro lado, sí defendía la autonomía, no estaba dispuesto a sacrificar el aura. Era un tanto más elitista y prefería que el arte no llegue a todos, antes de que esta se “ensucie”.
Yo pienso que son como los hijos. No son de uno, son de la vida. No le pertenecen a nadie. Una vez que los diste a luz, viven por si solos. Las manifestaciones artísticas pueden ser  tan espectaculares que el mundo se las apropia. Sería iluso pensar que le pertenecen a quien las crea. Recobran vida propia. Son del mundo. Hablan y viven por si solas, a pesar de su autor. De hecho, los autores desaparecen, pero ellas siguen ahí.
Siempre imaginé mi arte como algo a lo que cualquiera pudiera acceder. Creo que sólo así es posible el cambio. Y para ello, es necesario no lucrar. Porque no todos accederían a comprar un libro a ciento cincuenta pesos, por ejemplo. Aunque por otro lado, sería lindo poder vivir solo por hacer arte. Pero en ese caso estaría evaluando al arte como una mercancía y no no no no, me niego.
He aquí la eterna contradicción del artista.
En el texto de “Lo que me pasó por la cabeza un 26 de abril” también comentaba que hace unos años yo había escrito un texto en el que defendía fervientemente que el arte debería ser más barato, para que así pueda tener cualquier persona acceso a ella. El teatro, en sus principios griegos, funcionaba como catarsis. Los griegos acuñaron ese término para referirse  a la purificación que se produce en el espectador de una obra de teatro cuando éste se identifica con los personajes y transita por las mismas emociones que se están viviendo sobre la escena. Catarsis era un término médico que quería decir purga. Es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y religiosa. Mediante la experiencia de la compasión y el miedo, los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones.
Según Aristóteles, la catarsis es la facultad de la tragedia de redimir (o "purificar") al espectador de sus propias bajas pasiones, al verlas proyectadas en los personajes de la obra, y al permitirle ver el castigo merecido e inevitable de éstas; pero sin experimentar dicho castigo él mismo. Es así como yo sostenía que arte debería ser más accesible a todos, para permitirle a cualquier miembro de la sociedad poder realizar esa catarsis que lo deje bien tranquilo y evitar así problemáticas banales que vivimos en las calle todos los días.
Entiendo que si alguien leyera los escritos que publico aquí y los publicase en otro lugar como propios, no los estaría robando. Sólo serán citas sin citar al autor. “Lo haces por vos y nada más, no tienen por qué tener dueño”. Son meras combinaciones de un lenguaje consensuado que no significa nada.
El arte no puede comerciarse. Ni siquiera me parece necesario el saber un autor. Si a uno no le interesa "el qué dirán", ni siquiera debe interesar el reconocimiento a uno, sino a la obra.
Está lleno de canciones de tango, folklore o poemas indígenas que son "anónimas" y se reconocen igual. Compramos entradas de cine porque hay un sistema que plantea al cine como una mercancía. Pero está lleno de cines-debates en centros culturales y demás que pasan cosas mucho más interesantes que las del shopping. Preferiría ir tocando y que la gente me comparta su almuerzo sólo porque les gusta lo que hago. No creo en esa respuesta materialista que me han hecho de "Y pero de algo tenes que vivir...". Quizás me voy al carajo, o me hago la hippie de más, pero creo que en la tierra y en nosotros está todo lo necesario. ¿El resto? son apegos inútiles. “Todo lo demás no es nada”.

Libros.






sábado, 28 de mayo de 2011

Madre.

De infancia corta, pero contundente. De padres simples pero rebuscados. De vida pobre, pero alma rica. De nacionalidades varias. De tías muchas. De sobrinos incontables. De carrera inconclusa. De promedios impecables. La sonrisa pura y limpia.  La incuestionable importancia del pan en la mesa. Pies embarrados que caminan insaciablemente por las calles del barrio del que nunca se fue.  Poderosas manos fuertes y trabajadoras que nunca se rinden, condimentan con excelencia las milanesas más ricas que en mi vida he de probar. Amiga de los números y de las plantas. Aquella huerta en la que jugaste. Aquel bar en el que merendabas… ¿chocolatada con vainillas? O algún que otro postre favorito que ese de corazón débil pero inmortal, se encaprichaba en complacerte.  Labios de un solo hombre. Abrazos cálidamente infinitos. Humildad suprema. Simpleza. Sencillez. Dedicación. Fortaleza. Costurera de buenos modales. Invencible ante cualquier dificultad casera: electricista, plomera, de esas que se dan maña y lo logran, de perseverancia desmesurada. De paciencia intachable. Serías dificultades para decir una mentira. Imposibilidad incontrolable de ocultar una cara de preocupación. Extenso proceso de entendimiento sentada frente a una computadora. Charlantana: con vos, conmigo, con el, con ella y con cuanto ser vivo se le cruce por el camino. De orejas predispuestas. De piernas andantes. De espalda derecha y fuerte que soporta el peso. Sesenta años de amor, dedicación, preocupación, servicio, trabajo. Te queremos. Te admiramos. Mucho. Que vengan sesenta más de ese corazón que nunca se va a morir. ¡Feliz cumpleaños!


Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad.

sábado, 21 de mayo de 2011

Mientras vivimos.

“Hola, chicas, ¿no tienen un cigarrillo para convidarme? Uy! Gracias gracias. Menos mal que pararon, porque hay muchos que no paran, ¿vieron? Siguen caminando de largo y nadie me quiere convidar un cigarrillo. ¿Cómo se llaman? ¿Eugenia y Rosario? Yo soy Marcelo, tengo veintiséis años. Estoy acá, con los demás, esos ocho que están allá jugando a la pelota, los pibes, y ese que está ahí atrás mío apoyado sobre el paredón, ¿lo ven? El Nico, la Sara, Toni… todos somos del Bajo Flores. Acá la gente es muy prejuiciosa con los del Bajo Flores dicen ‘uuuh estos del Bajo Flores…’ pero ¿y ellos qué? Igual ahora estamos durmiendo acá en la calle, abajo del puente, porque hay una Iglesia que nos ayuda, que nos da ropa y comida. Y nosotros damos charlas, sobre el Paco. Acá en la facultad dimos una. ¿Ustedes estudian ahí? Ah bueno, si... dimos una charla sobre el Paco. Y el Padre Ramón todos los domingos en la homilía nos hace hablar también, contar nuestra historia. Nosotros casi nunca le pedimos plata a la gente, a veces entramos a bares, pero a la gente no. Sólo cuando queremos plata para el Paco, porque, ¿Vieron? No es fácil salir. Uno a veces vuelve a caer… capaz pasa un tiempo sin fumar y después vuelve, como Nico que está muy mal ahora. El Paco hace muy mal.. ¿Cómo se llamaban ustedes? Ah, Eugenia y Rosario, ja! Producto de la droga, ¿ven? No me acuerdo de lo que me dijeron jaja, bueno, Eugenia y Rosario, ¿saben? El Paco hace muy mal. Está bien, ustedes dirán que es mi culpa por meterme, si, obvio, es mi culpa por meterme, yo tengo toda la responsabilidad, y me hago cargo, porque si uno no te la presenta, te la presenta el otro y algún día agarrás. Yo le hice muy mal a mucha gente por el Paco. Lastime a muchas personas por doce pesos…Hace un año me mataron a mi hermano por veinticinco pesos, que alcanza para cinco drogas. Y bueno… desde entonces que yo me veo obligado a salir enfierrado, porque yo soy un hombre muy tranquilo pero no sé qué me puede pasar de repente si quiero Paco, ¿entienden? Capaz me pongo loco, capaz lastimo. Yo lastimé a mucha gente ya, no quiero más eso, porque sus vidas valen tanto como la mia. Hay que respetar. Yo estuve tres años en Devoto por hacer mucho mal y ya salí y mírenme, no se puede dejar tan fácil el Paco, ¿vieron?. Bueno, ¿saben lo que vamos a hacer? Ahora nos vamos a sentar los tres en ese banco y me van a pasar disimuladamente la plata y los celulares, le sacan el chip y me los dan. Ah, bueno, si no se quieren sentar en ese banco, está bien, ¿No se quieren sentir encerradas, no? Está bien. Allá están los pibes mirando todo, así que si ustedes hacen algo, se pudre todo. No mires al cielo. Ay, no me mires con esa cara de pobrecita. Mirá para acá. No miren a la gente que pasa, háganse las que estamos hablando en una conversación amistosa. Jaja ¿Vieron esa película de Wall Disney… ? Ahí está, ese de cien también, todo, todo. No me mientas que no tenes celular porque te lo llego a encontrar y se pudre todo. Me pongo loco eh, yo no sé lo que puedo hacer. Ahí está, todo, todo. Bueno, ese de cinco quédatelo. Bueno, ahora yo me voy a ir para allá y ustedes para allá. Mis compañeros las van a mirar que no hablen con nadie ni hagan nada raro porque si no miren que se pudre eh."

Viernes.

Si no escribo estas líneas, difícilmente logre comenzar a resolver el parcial domiciliario de Teoría y Análisis Literario. Tengo la necesidad acumulada que con el tiempo se ha convertido en un inmanejable envión hacia lo intrascendental de esta hoja. Es viernes. Ya sábado, en verdad, hace unos cincuenta y seis minutos. Acá estoy. Iván Noble y Joaquin Sabina me cuentan qué tal otro jueves cobarde, mientras tomo el último sorbo del primer vaso de Fernet que me deparará la larga y triste noche. Hay un rico olor a sahumerio, pero indescifrable. Era eso. Solo escribir. Solo una idea o dos. No importa. A veces sólo necesito escribir. Aunque sea una palabra, una letra, un signo. ¿Qué más da? Si al fin y al cabo el lenguaje no es más que una convención del ser humano que no dice nada, y a la vez, dice todo. 


(Se despidió de mi y por unos segundos me quedé observando la pantalla. Algo aprendí hoy: Según Angela, cuando te comes las uñas, te comes a tu mamá)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar. 
Forrest Gump.